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  ¡No te dejes enganchar!
 

¡No te Dejes Enganchar!

¡Un pescado joven encuentra que el pecado viene con un precio alto!

 

 
Aletita nadó lentamente al pasar el bocado que colgaba a varios centímetros de su boca. Ya casi podía probar la deliciosa lombriz. El pescado joven quería comerse la lombriz pero sabía que no debía hacerlo. Todas las voces de lo pescados más grandes entraban en su cabeza y decidió no hacerlo. Aletita tenía dudas acerca del consejo de los pescados más grandes. El no podía ver porque algo tan delicioso podría ser tan peligroso. Los pescados más grandes han de haberle dicho esto a los pescados más pequeños esta historia de terror para que no hubiera competición por la comida.

¿Eran verdaderas las historias? Aletita iba a decidir por si mismo. El dio la vuelta y empezó a nada hacia la lombriz. El no podía ver nada de acero ni unos ganchos; solo vio la lombriz. El abrió su boca y luego sintió un dolor en su lado. El tío de Aletita se pegó en su lado y lo movió de la lombriz. “¿Qué está mal contigo?” le preguntó su tío Corky. “¿Crees que te decimos todos esto por diversión?” Aletita no sabe que decir, “No lo se, a veces pienso que las historias no son verdaderas.”

Tío Corky cerró sus ojos y dijo con tristeza, “Sígueme. Ahora es tiempo que veas lo que un gancho puede hacer.” Aletita siguió a su tío cerca de la orilla. Enfrente de ellos vieron a muchos pescados que estaban nadando en sus lados y casi ni estaban vivos. Otros tenían cortadas gruesas en sus mandíbulas y no podían comer. Era algo brutal para ver y Aletita nunca lo iba a olvidar. De repente, un pájaro se bajo cerca del agua y agarró a uno de los pescados que estaba en su lado. Tío Corky le explicó que el gancho había causado esta carnicería. Puedes ver que las historias son verdaderas, yo quisiera haber creído que nos hubieras creído sin que te hubiera tenido que traer a la superficie.

Aun cuando nadaban lejos de la superficie, Aletita recordó las historias de algunos de los pescados listos que pudieron agarrar a la lombriz sin ser enganchados. Un pensamiento orgulloso entró en su mente. Talvez estos pescados rotos no era tan listos ni tan rápidos como el.
Día tras día, Aletita continúo a ver los bocados que estaban flotando en el agua. Venían en muchas formas y colores. Aletita nadaba mas cerca cada vez y cada vez iba más y más lento. Un día el cayó en la tentación y el se comió la lombriz. No sabía bien para nada. ¡Sabía a plástico!

Antes de que Aletita podía escupir la lombriz, el sintió un dolor en su mandíbula y se sintió ser arrastrado por el agua. El pescado joven no se quería dar por vencido, pero ya no tenía fuerza. El sabía que había perdido.

Niños y niñas, Satanás trata de tentarnos cada día. El diablo quiere arrastrarnos lejos de Dios. Satanás nunca se cansa de poner más cosas en frente de nosotros, más tipos de tentaciones para hacernos caer. A Satanás no le importa lo que usa o abusa para tentarnos. El es el padre de las mentiras y quiere destruir a los que aman a Dios. Ponte la armadura de Dios para que puedas resistir al diablo y a todos sus planos.